Hoy no estás

    Todavía me acuerdo el olor de la mañana en que te fuiste. Café con leche y galletitas con queso untable que quedaron clavadas en mi memoria como una espina. Todavía puedo sentir el frío del piso, los moretones en mis rodillas por cargarte y tu frente fría contra mis labios luego de un último "te amo".  
    Sin embargo, el tiempo hace que me falle la memoria. Las imágenes se hacen borrosas, las voces se distorsionan y de repente no puedo recordar tu risa. Ni tu olor. 
    La verdad es que no suelo pensar en vos y, cuando lo hago, traés una sonrisa a mi rostro, pero, aunque no acostumbro entretener pensamientos tristes, hoy es otro día en que te duelo. Creo que una vida terminada antes de tiempo nunca deja de doler, aún si no duele todo el tiempo. 
    
    No soy del tipo de personas que escriben cosas a sus muertos. Creo en la eternidad y espero que estés en un buen lugar, pero rechazo la idea de que esa eternidad esté en un plano superpuesto al mío. Lo muerto ya no existe, por eso, más que para vos, este texto es para mí.
    Este texto es porque a veces necesito el recordatorio de que la tristeza no es una amenaza y que, de hecho, puedo ya sentarme con ella a charlar sin dejar que me domine. La tristeza de hoy al recordar que hace unos días hubiera sido tu cumpleaños es el duelo que paso por el privilegio de haberte querido.

Por eso, pese a que hoy no estás: feliz cumpleaños, pa.

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