aburrida

    Esta tristeza quedó vieja. La sangre ya no sale a borbotones de mi cuello ni me aplasta el pecho la angustia, estos pensamientos en espiral perdieron su inercia y ya me da pereza caminar por este indescifrable laberinto. 
    No confundo apatía con paz, pero al menos ya no tienen lugar en mi mesa todos esos fantasmas que me vienen a contar sobre el temible futuro y el injusto pasado. Me cansé de escuchar sus razones. Aunque es verdad que a veces entran a mi casa sin permiso, se sientan de nuevo conmigo y los escucho, hoy los desterré. 
    Me pregunto si los volveré a invitar cuando tengan algo nuevo que contar o si para entonces ya habré entendido que la soledad, la noche y los fantasmas nunca fueron buena compañía.
    Me pregunto, también, si la vida será un constante ciclo de invitar y desterrar fantasmas, de autoflagelación, aceptación y cura o si solo yo seré verdugo y víctima.

evidencia