Mi pensamiento catastrófico me dice que cada problema es un final, que cada angustia es para siempre y la noche se hace eterna en agonía y en querer retrasar la llegada del temido día, donde los fantasmas sobre los que el miedo habla se hacen carne y vienen por mí. No se puede vivir así. La preocupación sin sentido corroe mis huesos y deja líneas en mi frente que todavía no se marcan pero sí duelen. El pensamiento rumiante desgasta mi energía y no me queda nada para luchar contra mi status quo.
Mas me entreno en resiliencia y en esperanza, y decido rechazar el ver mi vida desde la preocupación y el miedo. Rechazo vivir en círculos de angustia y premonición. Rechazo vivir como rehén de mí misma, siendo víctima y victimario, porque, aunque no pueda cambiar mi realidad, voy a intentar cambiar la forma en la que la vivo.
marzo 2026